El ruido está en nosotros: Parte 3

 

Paralizado y aterrado, los segundos que pasaron fueron eternos, mientras aquellos cuerpos purulentos se acercaban lo suficiente para tomarme y lentamente despedazarme; sin embargo, dos rayos azules impactaron en sus cabezas y de inmediato cayeron al suelo. Era Freddie, con el rifle de Elfdred.

Cuando pude respirar de nuevo, lo saludé y le di las gracias. Pero él no respondió.

Lo volví a saludar, creí que no me había visto bien, y él dijo.

—Dime que no eres uno de ellos.

¿Uno de ellos…? Qué clase de demanda era esa. Yo, después de una empecinada erección y el susto que me dio Dessie con sus convulsiones, mi cabeza solamente quería racionalizar lo que estaba pasando y no caer en pánico. Por eso, confundido le pregunté.

—¿A qué te refieres?, ¿qué está pasando?

Al parecer, no era la respuesta correcta. Lo supe muy bien cuando gruñó con total hostilidad y apuntó hacia mí; le pregunté qué es lo que estaba haciendo, era un grave delito marcial amenazar a un superior; y lo alenté a auxiliar a Dessie, que necesitaba ayuda del médico… Pero no dejó de apuntarme con su arma. Era posible que no estuviera escuchándome y mejor me callé.

—No. No, no, no. No lo creo. A mí no me haces tonto. Yo te vi antes. Te fuiste con él, el capitán; y me dijo que eras uno de ellos, lo hizo justo antes de que se lanzara al espacio en una oculta nave de escape.

Oh, no. Esos mensajes crípticos. Yo sabía que lo que estábamos experimentando no era una pesadilla, sino un golpe de locura colectiva, y que algo se había salido de control desde hacía tiempo. Venir hasta acá, a la legendaria nave titánica, fue solo para cavar nuestra propia tumba. No importaba qué tantos riesgos cometí para completar mis propios objetivos, estos imprevistos eran igual que haberle declarado la guerra al mismísimo diablo y ahora pagaríamos por nuestra obstinación.

Y el capitán… Él era parte de este cruel encuentro.

—¿El capitán?, ¿Gaiden? Qué bobadas dices.

Pero esa mirada. Ya no podía elucubrar alguna pesquisa, porque estaba totalmente perdido en la penumbra de mis incógnitas, y el miedo por mi vida me agasajaba. Estaba a punto de matarme, de achicharrar mi cabeza. Por qué, por qué habría de hacerlo. Sí, tuve que aceptarlo, algo en la manera en que me miraba expresaba honestidad, no tanto de la demencia que nos estaba consumiendo a cada uno de nosotros. Era algo que me aterraba porque provenía de un sinsentido. Más bien, todo era un sinsentido. Y mi vida estaba a punto de extinguirse, a menos de que, en una última oportunidad, eligiera bien las siguientes palabras que iba a decir.

—Freddie, yo no tengo nada que ver con lo que haya pasado. Nada. Tú sabes que siempre estuve aquí cuando caí inconsciente; debes de creerme, por favor, haya pasado lo que haya pasado. Mira, acabo de despertar por un ruido espantoso y Dessie estaba convulsionando… —me gritó que parara y no lo hice, estaba muy desesperado, y no quería morir sin antes disuadirlo— Y vi los cuerpos de dos tripulantes muertos, zombificados, que me querían aniquilar… Pero justo me has salvado, ¿lo recuerdas…? Ahora me apuntas con tu arma, como si fuera tu enemigo… ¿Por qué me quieres matar…?

Un ruido, un ruido me acongojaba otra vez. Eran cristales, agua, el repiqueteo de un lugar muy, muy lejano. Estaba rendido y ya esperaba mi fin.

Pareciendo que ya nada más importaba de mi persona, mas que mi extinción, fijó bien su mirada; y después, al cerrar mis ojos, todo fue una aciaga oscuridad. El ruido, un eco. Después de un hálito de convencimiento, hizo un clic con su rifle; uno de sus ojos ya me veía en el suelo, con la cabeza reventada. Qué destino tan cruel, e injusto. Los riesgos ya se habían tomado desde hace mucho tiempo, incluso antes de la academia, de mis estudios, de María. Todo, de algún modo, estaba adoquinado, como un lúgubre derrotero que no deja otra opción más que este camino mortuorio. El destino humano hecho por los humanos, peor que el de los dioses, ahora muertos o más ciegos que nunca, era nada bello, nada romántico. Todo nihilismo y penumbras.

Si había de morir, bueno, quizás nadie me extrañaría. Mi muerte dejaría una buena pensión por parte del seguro de la empresa Ion-Waitt; sería lo suficiente para que María y mi hija, o hijo, pudieran comer, y pagar sus estudios. Nunca supe su género, lo mantuvimos como sorpresa, así como lo hacían en la antigüedad. Vaya, irme de esa manera habría sido un tanto molesto, pero qué más daba.

Y mi suerte fue otra.

Justo antes de rendirme ante la muerte, un disparo le voló el otro ojo, el que mantenía ocioso, quedando una sanguinolenta abertura cavernosa que lo dejó conmocionado por un momento. Con todo el suspenso y drama que pude expresar con mis temblorosos movimientos, lo vi, y lentamente volteé a mirar a mi derecha: era Logray, con su pistola personal, apretando su vientre con el brazo libre, como si algo le doliera con todos los infiernos del universo.

Fue sorprendente que así en su condición diera en el blanco de manera tan grotesca, pero en sí no debería de serlo, casi todo militar tenía implantes que incrementaban sus habilidades castrenses.

En cuanto a Freddie, él no cayó de inmediato, su mano, que estaba en el gatillo, se zafó un poco y disparó sin disparar; luego cayó al suelo, no muy lejos de otro de esos cadáveres desmembrados.

Por lo pronto, estaba a salvo. Había todavía una posibilidad de volver a casa.

Me acerqué a Dessie, la tomé por un lado y le di las gracias; y a la vez la regañé por haber salido del cuarto, porque pudieron haber sido ellos los dos cadáveres, y no Freddie, que ahora ya no respiraba.

—Idiota, si no hubiera salido, serías papilla y nadie podría ayudarme a caminar. Anda, vamos. Tenemos que averiguar qué mierdas está pasando aquí.

Le sonreí. Qué gusto verla activa y lúcida. Nunca antes alguien había salvado mi vida de esta manera, y ahora estaba en deuda con ella. Era tan atractiva en esos momentos. Hasta podría haber cometido una infidelidad solo por hacerle honor a mi salvadora. Sin embargo…

—Dessie, estoy sorprendido que el Analgesics no esté funcionado dentro de tu sistema.

—Esa mierda… No, no está funcionando. Recuerdo que me dolió mucho cuando me la implantaron y ahora es como si estuviera muerta. Funciona cuando quiere la maquinita esa —escupió al suelo—. Por favor, de una maldita vez caminemos.

Ella siguió hablando, pero no se percataba, al parecer, que había bastante muerte a nuestro alrededor, y que ésta no estaba tan muerta como debía de estar. Sin querer preocuparla mucho, solo le dije que se mantuviera alerta y que yo le ayudaría a caminar.

Pero, mierda. Hay cosas que no entendía en ese momento.

¿El capitán se había ido y yo con él?  Creí que Freddie estaba demente, que hablaba de disparates… Bueno, sin embargo, viendo que los tripulantes volvieron a la vida de una manera tan horrible, nada debía de sorprenderme de ahí en adelante. Algo cósmicamente horrendo estaba pasando y, aunque no quería seguir con esta historia de terror, teníamos que solucionarlo, o por lo menos escapar de este infierno de acero.

Todo el tiempo sentí que algo nos perseguía. Dessie se veía peor, aun intentado simular que podía soportar el trote en el que íbamos. Por detrás algo zumbaba y era algo justo fuera de mis oídos, como un mosquito molesto. O no, algo o alguien de mayor tamaño se acercaba, y rápido.

Logray miró también, aturdida por tanto dolor que estaba experimentando.

—Freddie siempre fue un idiota, pero me caía bien… Era un buen chico, menor que yo, que tú… ¿Por qué querría matarte? Si eres un bombón…

No respondí nada, con mi sonrisa tuvo suficiente para darle a entender que no tenía ni idea. Le mentí, otra vez, porque no sabía cómo reaccionaría con lo que escuché de Freddie.

Me preguntó que por qué nos detuvimos y yo le dije que pronto lo averiguaríamos y que tuviera su pistola lista para el nuevo encuentro. Ella, molesta, apuntó y esperó. Yo quise que la pesadilla se acabara. Lo que sentía a nuestro alrededor eran murallas enormes, ajenas a nuestras habilidades humanas, como un terreno vindicativo de otros seres divinos que nos odiaban. Era la nave, la Bryhindlr, y a la vez no.

Mi cordura estaba a punto de estallar.

Y ahí estaba eso, una sombra que entre las luces rojas y amarillas mostraban a un objeto volador, oblicuo, viéndonos con cierta hostilidad.

Dessie estuvo a punto de accionar el gatillo, pero…

Lentamente se acercó y lo pudimos ver bien: era Ebbie, un poco dañada, pero totalmente funcional. Un eco metálico sollozaba, profundo e intenso. Era aquella una robot doliente, compungida. Dessie bajó el arma y pareció percibirlo también, porque tenía la cara triste. Estaba sola y flotando frente a nosotros.

Andy murió en su totalidad. Para siempre.

Una cosa así podía tener sentimientos. No era algo innovador, ya en épocas anteriores a la Gran Guerra, la humanidad habían avanzado mucho con la inteligencia artificial, desarrollando los primeros modelos androides que, durante y después del conflicto intergaláctico, se rebelaron contra sus creadores, especialmente enemistados hasta la muerte con la Confederación. Fueron tiempos oscuros, más oscuros de lo que dicen los libros de historia oficiales. Un momento soterrado en el silencio de la historiografía intergaláctica. Se dice que la Comunión salvó a varias de esas unidades que se creyeron extintas no hace más de cien años… Pero, si acaso fuera cierto, sería casi imposible distinguirlos entre los humanos, ya que, lo sé muy bien por los reportes de un amigo que se dedica al desarrollo de la meta-inteligencia en la ciencia y la mística, ellos mismos avanzarían un paso más a la evolución equivalente a la humana, pero superándonos, tal vez por mucho, en su capacidad de reestructuración genética que ni con todos los implantes o prostéticos los seres de origen orgánico podrían igualarles.

Pero ahora tenía ahí a Ebbie, una de las creaciones de servidumbre más benévolas que salieron de nuestras sucias y pecaminosas manos…

Ebbie, ¿estás segura que no pudiste recupera nada de él? —le preguntó Dessie.

La robot se quedó un momento pensando. Tal vez seguía con dolor, fuera falso o verdadero.

—No. No pude rescatar nada. Faltaba mucho por limpiar, pero, de pronto, las cosas cambiaron en la nave; algunas dimensiones se modificaron, una alerta incesante nos agasajó. Todo nuestro trabajo fue en vano porque ahora el interior volvió a hacer el mismo, sucio y lleno de muerte. Ciudadanos, son muchos los hostiles y vengo a alertarles que esta misión no tiene ninguna probabilidad de ser exitosa. La misión debe de ser abortada e irse en retirada en la Line 13 es lo más aconsejable. Yo me quedaré con ustedes para protegerlos.

—Gracias, Ebbie… —dijo Logray— Y lo siento mucho.

—Yo también —sentí raro al decirlo.

—Gracias, ciudadanos.

Ebbie, ¿puedes hacer contacto con la Line 13? —tenía miedo que les hubiera pasado algo.

Se quedó callada de nuevo.

—No, ya van varias veces que lo intento, pero no responden. Mis pesquisas indican que probablemente fueron vulnerados también.

—Maldita sea…

Vi que Logray se aquejaba de su vientre aún más. ¿Qué le estaría pasando? Le pregunté si le había caído mal una comida o si había tomado un medicamento contraindicado. Me respondió con una muy fea expresión y me dijo que no.

Ebbie se acercó a ella y la inyectó con un analgésico general. Se lo agradecimos.

—Entonces… Creo que…

Un feroz alarido nos calló. Luego vino una voz.

Fue a través de las bocinas y parecía hablar en un idioma desconocido. No entendíamos nada de lo que decía, hasta que…

Desire Logray, si usted sigue con el infiltrado, le ordeno que lo traiga inmediatamente conmigo, se lo comanda su superior Elfdred Maiden.

Nos quedamos sin aliento por un momento. Posiblemente había sido pillado. Yo sin saber si lo que escuché fue mi imaginación, solo esperé a que la realidad me trajera de vuelta a la consciencia del presente.

—¿Ese en serio fue Maiden? Suena… Ay, diferente… —su dolor apenas había bajado un poco.

—Yo, no sé…

—¿E infiltrado?, ¿a qué se refiere con eso?

—Las órdenes del sargento Elfdred Maiden tienen que ser llevadas a cabo. Los acompañaré hasta la base de control —cambió también la voz de Ebbie, que ahora parecía autoritaria.

No dije nada. No quise decir nada. Si Elfdred Maiden se dio cuenta…

—¿Eres… un infiltrado? —me preguntó Logray. Me contuve y tragué saliva— Contéstame.

—¿Yo?

—¿Tú…? ¡Dímelo tú!

—No sé lo que está diciendo ese loco de la unión. Tú sabes… Elfdred no tiene buenas intenciones con los que somos de la Confederación. Tenemos que estar preparados para todo. Ebbie, tanto yo como Maiden tenemos un rango equivalente, así que te pido que, antes de que realices cualquier acción que se te pida, primero dejes que se resuelvan las cosas entre humanos, ¿estamos de acuerdo?

Esperé una respuesta inmediata, pero la robot no dijo nada, no emitió ningún sonido.

—Bueno… Ahora, espero que esas cosas no nos…

Y la luz volvió a la normalidad, al menos en algunas secciones que estaban cerca.

Y otra vez las bocinas.

Haremos un jueguito, un poco letal, pero se los dejaré fácil. Escuchen muy bien. Les aviso que el camino lo tienen seguro desde los pasillos que reestablecí con el modo normal de la nave. Las luces blancas lo marcan, las rojas indican las zonas en las que nuestros hermanos esperan para despedazarlos. No les recomiendo ir ahí, con ellos. Y no se atrevan a hacerles daño, o yo mismo los soltaré para que los hagan añicos.

¿Pero qué decía?, ¿un juego en medio de todo este desastre? Eso, definitivamente, era de locos. Me sentí aliviado porque no volvió a mencionar al supuesto infiltrado. Era claro que Elfdred no tenía buenas intenciones y ahora, al parecer, teníamos que confrontarlo.

—¿En serio vamos a ir con él? Yo no… ¿A qué se refiere con nuestros hermanos que nos quieren despedazar?

—Ignora eso, pronto lo sabremos. Antes debemos de llevarte a un lugar seguro, te veo muy mal…

—No, vaya… Ay… No soy una cobarde. Aguantaré este maldito dolor. He sentido peores. Alguna vez tuve un hijo. Lo perdí con la fiebre púrpura.

Me quedé impactado y no dije nada. No era el momento para esas pláticas.

—De acuerdo… Entiendo. Yo te seguiré sosteniendo.

—Gracias…

Y desde un corredor, un luminiscente color rojo llegó a nosotros.

Supe que estábamos en peligro.

De algunas compuertas salieron unos cadáveres andantes, mirándonos con una ira tremenda, yendo tras nosotros.

—Qué es… —no terminó de decir Logray lo obvio.

—Esos son los malditos hermanos que hablaba el demente de Maiden.

Logray no lo dudó y disparó hacia ellos.

—¡Vámonos, idiota! Que mis balas no son infinitas.

—Ojalá lo fueran.

Ebbie soltó unos rayos hacia los hostiles y junto con la destreza de Dessie cayeron algunos.

Les dije que no les hicieran daño. Ahora el jueguito se pondrá más difícil. Idiotas.

El descuido fue costosísimo, porque eran muchos, realmente muchos. Era toda la maldita tripulación muerta de la Brynhildr contra nosotros. Debíamos llegar a un corredor seguro, y pronto.

O moriríamos despedazados.

 

Universo expandido de Silencio en la oscuridad de Odragde.

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