El ruido está en nosotros: Parte 1

 

Acababa de salir del baño cuando llegamos al objetivo. La alarma, la intuición, aquella premonición de que algo maravilloso iba a pasar…

     Era impresionante. Una nave enorme, no tan bella como las fragatas de la Unión, pero aquella magnitud en su largo, ancho y alto la hacían una titánica obra maestra para el trabajo del proletariado interestelar. Cuando Cindy me avisó que no me había subido los pantalones, sentí el frío y Elfdren intentó ser prudente con su risa.

      Llevábamos meses buscando esta pieza perdida, la que creíamos que había sido absorbida por la misma marea negra del espacio. Eran tantos los extravíos, que las teorías conspiratorias más alocadas surgían de estas eventualidades. Pulin Crascow avisó a la tripulación que habíamos llegado, en efecto, a la Walkyria Brynhildr, una nave histórica que antes se usaba para empresas militares, y ahora era una transportadora de cargas pesadas, especializadas en maquinarias de construcción, terraformación, y de objetos extraños y confidenciales encubiertos entre lo que transportaba.

     Toscas formas, intensas a la vista, Brynhildr era una maravilla para el que sabía apreciarla.

     Crascow, Gabriel Sentence y Kerk Opus se quedarían en la buscadora Line 13, nave ágil y rápida que nos prestó la Armada Galáctica para encontrar esto que teníamos a 260° de nosotros.

     Logray, que me había visto también con los pantalones abajo, puso su mano sobre mi hombro y me dijo “Pensaba que eras más grande, pero con lo que tienes es suficiente”. No supe si alegrarme, pero de todos modos sonreí.

 

Siempre me pareció maravillosa la conexión de una nave con otra, como un delicioso coito entre dos titanes de acero haciendo el amor en el espacio sideral. Por eso no dudaba en entrar en este tipo de campañas, además de que podrían considerarse como unas vacaciones después de estar todo el día en la oficina, y también podía tomarlas como aventuras que, sin contar a aquellos que llevaban décadas viajando por el espacio, y que ya estaban hartos de ver tanta oscuridad y estrellas, para mí esto era una infinita fuente de emociones para la imaginar lo que me viniera en gana.

     Antes, mucho antes de que se formaran los diversos ejes de poder intergaláctico, había mentes muy agudas que sondeaban la posibilidad de vivir como nosotros lo hacemos ahora, con alocadas ideas e hipótesis atrevidas, o acertando gloriosamente como profetas del futuro, o por fin como, literariamente se catalogaba, los subversivos escritores del subgénero de la ciencia ficción. De vez en cuando, al leer a aquellas voces del pasado, me sentía transportado hacia sus periplos espaciales, con extravagantes trajes de acero y armas aún improbables para nosotros. Quería viajar hacia el infinito y perderme en él…

     Lamentablemente, no era diestro para manejar ninguna nave espacial, y para ello primero necesitaría una licencia, la cual era muy difícil de conseguir.

     Y bueno, recuerdo bien que fue Elfdren el primero en abrir la escotilla hacia el exterior que daba al puente que conectaba Line 13 con la Brynhildr; Cindy se despidió de una manera tan extraña de nosotros, y también lo hicimos con ella. Pasamos lentamente, esperando a que ningún agresor nos atacara. Dessie, Desire Logray, tomó mi mano y me dijo por el intercomunicador bilateral que no me asustara. No me sentía amedrentado, ya había pasado por esto… Pero, en efecto, la gran, gran diferencia, era tener a este armatoste que no dejaba de maravillarme; de punta a punta no llegaba mi visión natural a ver sus límites, algo para lo que el casco podría ayudarme, sin embargo, no quise.

     Si no estuviera casado, tomaría a Dessie y me perdería en algún recóndito rincón de la Brynhildr, y le haría el amor.

 

Quise vomitar y por fortuna pude contenerme. Logray nos dijo que por ningún motivo nos quitáramos ninguna pieza del traje de seguridad, porque, demonios, habíamos entrado al mismo infierno.

     Sangre.

     Excremento.

     Cuerpos mutilados.

     La radiación estaba por todos lados y de suerte nuestros trajes la toleraban justo al límite. Aunque deberíamos haber reculado, Crascow nos dijo que no había problema, la compañía nos había dado los suficientes medicamentos para contrarrestar los efectos secundarios, en dado caso que la radiación empeorara. Elfdren estuvo de acuerdo y proseguimos.

     Asimismo… Mis deseos por aventuras habían desaparecido. Era horrible, cada punto a la vista era horrible. Hasta Dessie, siempre estoica, parecía apesadumbrada por lo que veía, o veíamos. Ni hablar de Freddie, Alfred Sutts, él parecía estar pálido, casi igual que yo. Ellos eran militares y yo un simple gestor de mercancía, con otras cualidades sin importancia. Las señales decían que no había vida por los alrededores, no obstante, los rifles estaban a la mano, y mi pistola, que no recordaba su modelo, igual lista para ser usada.

     El arma de mi confianza no tenía nombre para mi memoria, pero era mi divinidad defensora, un amigo indeseable que le abriría la cabeza de un disparo a cualquier enemigo sin su debida protección; y de todas maneras tuve miedo, mucho miedo. Miedo a que esta fuera mi última expedición. Miedo a no volver. Miedo a no ver a mi primer hijo, que ya había nacido y no estuve con su madre en aquel evento tan maravilloso. Mis manos se afianzaron más en la muerte que tenía entre ellas, y pensé en mejores momentos, cuando era mentalmente joven hace más de cincuenta años, estudiante con calificaciones buenas, pero mediocre en sus sueños; así en tiempos que nada importaba, me la pasaba en fiestas, mujeres, probar la bisexualidad… Hasta que la encontré a ella, al posible amor de mi vida, que ahora estaba lejos, muy lejos de mí. Como la seguridad de mi propia vida.

     Elfrdren era el único al que se le veía completo, sus ojos observaban cosas que, tal vez, a lo que yo deduje en aquel momento, ya estaba acostumbrado según su trabajo. Era un exmilitar, ahora al servicio público de la seguridad de la Unión; en pocas palabras, el otro jefe de esta empresa, de la que yo también lo era. Una alianza incómoda entre la Confederación y la Unión, que muchas de las veces tenía que forjarse así para trabajar juntos en este tipo de cometidos judiciales o diplomáticos, aun cuando fuera realmente innecesario; y, de nuevo, incómodo para todos.

     Pero volvía la parte oscura de mi imaginación, que obviamente volaba con toda esta escatología que repasaban mis ojos: muerte por inanición, muerte por radiación; muerte por un rifle de plasma, que eran muchos los casos; muerte por mutilación con navajas, bisturíes, martillos… Ojos reventados por la hipotética enfermedad catastrófica que pasó por toda esta nave. ¿Qué habrá sido?, ¿qué cosa los habrá atacado?, ¿sería la misma radiación? Logray no contestaba y Elfdren solo decía que estuviéramos atentos por si encontrábamos a algún sobreviviente, o, peor, peligro. Yo más bien iba por lo segundo.

     Sutts me miró por un momento y del reflejo de su casco surgió un flash extrañísimo.

     Frío…

     Frío…

     Un invasivo frío…

     No podía respirar bien. Era inconcebible tal masacre…

 

Cuando lo encontramos, el ahorcado aún seguía vivo.

     El frío que todavía reinaba después de desactivar la hibernación de la nave, y se hizo más intenso por el estrés que pasábamos. Elfdren Maiden, para nuestra sorpresa, quedó boquiabierto, mientras Sutts y Logray hacían lo suyo en bajar a aquel cuerpo al que le seguía latiendo el corazón. Pensamos en que era un no-muerto, porque era imposible ver a algo con vida entre tanta muerte. Así que esperé, otra vez, con al asesino entre mis manos.

     Esos pedazos humanos, sangre y sesos; restos de algo que fue consciente y ahora formaba parte de la historia escandalosa de víctimas de lo desconocido.

     Freddie Sutts llamó de inmediato a Base y le respondieron que pronto una nave con dos androides se quedarían dentro de la Walkyria, para darle mantenimiento y cuidar del sobreviviente. Después vendría otro transportador gigantesco, no tanto como este, y se la llevará consigo, o, si las cosas iban mal, la destartalaría. Omitimos, aparte de toda la destrucción interna, que encontramos a un ahorcado con un cable que, si de un humano se tratara, hubiera quedado muerto y tieso.

     Quise hacer algo al respecto, tal vez hacía falta algo más por informar, no obstante, Logray tomó mi receptor y me lo negó con una mirada tajante. Supuse que no querían causar ningún tipo de paroxismos, sino hasta entender lo sucedido. Dejamos que el robot Andy diera vueltas con su pareja Ebbie, hasta que tuvieran un análisis completo del siniestro.

     Tardarían una hora con treinta y tres minutos estándar.

     Yo, por mi parte, intenté reproducir las grabaciones de la Brynhildr, pero el cerebro de la nave estaba dañado y solo se ajustaba a las funciones básicas. Reparar la mitad del núcleo tardaría, sin las herramientas necesarias, que no las teníamos en esos momentos, días, si no es que semanas.

     Por eso preferí llevar al supuesto occiso al cuarto de curación, para meterlo por unos minutos en la única cápsula funcional que había. Le suministramos suficiente glucosa y proteínas, y cruzamos los dedos para que no despertara diciendo incoherencias de lo sucedido. Serían historias sumamente aterradoras, de seguro.

     Llegamos, pero no sin antes encontrándonos con más cadáveres, purulentos, asquerosos; parecía todo haber salido de una mente siniestra y psicótica. Pude otra vez intuir que, en varios de los casos, murieron de manera violenta, quizás por una riña o peleando con un enemigo desconocido. ¿Acaso el enemigo sería…? Preferí callármelo, porque era obvio que no fui el único en haberlo intuido.

     Ahí estábamos Sutts y Maiden viendo a aquel hombre, Gaiden Yūsha Kah, el capitán de la nave de cargo que tuvo que haber llegado a su destino hace poco más de tres años estándar. Mientras tanto, Logray se quedó en la base de comando, esperando hacer milagros con lo que tenía en sus manos. Vi que ella se disgustó cuando me alejé, pero tuve que hacerlo. Además, Sutts nos dijo que le habían confiado la información de que, justo antes del último contacto con esta tripulación, alguien hablaba de tonterías sin sentido y de luces extrañas que veía, por lo que dieron por sentado que un pillo había secuestrado la comunicación y éste se encontraba demasiado drogado para su bienestar mental. Dessie no debía saber esto, ella y el piloto de la Line 13 no debían de tener esta información.

     Y vaya que fue un supuesto gran descuido, porque esto causó un conflicto diplomático entre Beta 2 y Beta 3, dos planetas en terraformación que se prestaban recursos el uno al otro, a pesar de haber tenido un pleito histórico en la guerra que a nadie le apetece recordar. Por fortuna la Confederación y la Unión se pusieron de acuerdo, dejaron a un lado sus rivalidades, y enviaron comida y metales para la construcción de edificios más adecuados para la supervivencia de los colonos.

     Pero aún existía la Comunión, como un tercer factor lo suficientemente peligroso.

     De suerte, María, mi esposa, que fue gestora de medicamentos en Beta 3, no estuvo ahí en las protestas que dejaron la marca de muchos que ya no están con nosotros, y de seguro la hubieran linchado por ser parte de la Confederación. Ella era dulce, con ideales fuertes. Oh, si supiera de los pecados que pasan por mi mente cuando veo a esa insidiosa militar…

 

Los beeps sonaron, sacándonos de nuestros perturbadores pensamientos, y los miedos que emanaban de ellos.

     El capitán despertó, Elfdred portaba su arma, por si la necesitara, y lo primero que hizo Gaiden fue tocar la enorme cicatriz que tenía en la cara, como si estuviera pasmado, comunicándose con un pasado ominoso; ¿en verdad habría recordado la manera en que se originó aquella herida? Esos ojos decían mucho y no podíamos interpretarlos con la debida precisión. Yo tomé un curso de psicología post-guerra, del cual no practiqué nunca. Lo que sí, es que no parecía percibirnos por el momento.

     Sutts estaba consternado, me echaba la culpa de que tal vez había hecho algo mal, y le dije que no era un médico o fisiólogo, que mi especialidad era la biotecnología y los negocios intergalácticos, y de paso la literatura de los antiguos terrestres, nada más. Para eso me interrogaron y me preguntaron entonces el porqué estaba ahí entre ellos, ya que me habían confiado información secreta de la misión, y, sin embargo, les dije que era un asunto confidencial, algo que definitivamente los superaba; pero, ya que lo habían preguntado, les dije parte mentira y parte verdad de ello. Elfdred no se lo tragó del todo. De seguro tendría otros datos de su parte.

     Maldita sea, sabía que esto generaría más problemas, y más, y más… Esta aventurita comenzó mal y terminaría como una pesadilla. Maldita, maldita sea.

     Y bien, la misión era recuperar algunos equipos de punta que servían para regenerar los cuerpos dañados por los extraños minerales que se producían en Beta 3, los cuales causaban mutaciones extrañas en algunos mineros, aun con trajes de protección que eran de lo mejor que había. Yo era un agente de la compañía Ion-Waitt contratado por la Confederación, y mis compañeros eran técnicos y soldados, y en sí todos teníamos la misión de rescatar lo más posible de este titán de hierro que se había perdido en el espacio. Eso nos unía.

     Sentí un escalofrío y apreté mis manos contra el asiento.

     Por un momento escuché un ruido, uno que otros no percibían, uno que venía desde adentro. Un ruido que… No sé, quizás imaginé o pensé en cosas, no obstante, vi como una marea invisible y oscura pasaba por varias motas luminiscentes, un orbe o planeta violento, rojo, girando y girando, y la música siniestra que lo acompañaba pasaba por todos mis nervios, como si eso que estaba en mi mente tuviera vida, como si estuviera ocurriendo en esos precisos momentos.

     Maiden lo captó, tal vez él había pasado por lo mismo, y se me quedó mirando; pero Sutts nos llamó la atención y apuntó hacia el capitán: me estaba observando con suma atención, e involuntariamente castañeé mis dientes.

 

Universo expandido de Silencio en la oscuridad de Odragde.

11 comentarios sobre “El ruido está en nosotros: Parte 1

    1. ¡Hola, primo! Espero que estén bien tú, tu bici y tus letras.

      Antes que nada: gracias por leerme. No sabes cuánto uno necesita de este apoyo, estas interacciones. Es invaluable.

      Te aviso que ya la semana pasada publiqué la parte dos, y, ojalá, esta semana salga la parte tres. Tengo miedito que salgan más de cuatro partes, pero veré si es vital hacerlo.

      Un abrazote.

      Le gusta a 2 personas

    1. ¡Qué bueno! Me da mucho gusto. Yo he tardado un poco en escribir las partes consecuentes porque he estado ocupado (más mentalmente, jeje). Te lo agradezco. ¿Podría saber tu nombre? Para referirme a ti como se debe de hacer.

      En efecto, las influencias se hacen ver fácilmente, pero también puede ser Asimov con su fundación, están las Crónicas marcianas de Bradbury, Altered Carbon de Morgan, Duna de Herbert… Y quién sabe qué tanto ingrediente le puse al caldo. Lo mejor es, además de leer y ver mucho mucho, es imaginar y echar andar los viajes literarios que siempre tenemos en nuestras cabecitas. A veces así entendemos mejor al mundo que nos rodea.

      Un abrazo.

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  1. El relato me ha sorprendido gratamente, mucho más de lo esperado. No dudes que leeré las partes siguientes. La trama es muy acertada e incita a querer saber más sobre ella. Si a esto se añade que la ciencia ficción es uno de mis géneros preferidos, puedes dar por seguro que he disfrutado de tu narración.
    Gracias por compartirlo.
    Un saludo.

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